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9 de marzo de 2015

Las botas

Fotografía de Fernando Anaya©


Un hombre revestido de sudor y barro, levantando polvo. Solo.

Una parada...
Un trago de agua...

Descansad, compañeras, contra la pared, mientras mis ojos se recuperan de la belleza de hacer camino.
Un suspiro... sólo un suspiro y ya mis pies añoran la protección de tu abrazo.

Un horizonte...
Unas botas...
Un peregrino."

(Mariluz GH)


21 de febrero de 2014

La aguja

No podía remediarlo; era ver una aguja y temblar hasta caer al suelo.

En cualquier otra no representa ningún problema, pero en ella es terrible porque ¿para qué sirve una jeringuilla sin aguja?

(MariluzGH)

28 de marzo de 2013

La familia es la familia

Cementerio de Arlington en Washington - Foto: Salvador Samaranch
web: guias-viajar.com

Mis cuñados tienen la fea costumbre de venir todos los fines de semana a casa, acompañados de sus mujeres y niños; algunas veces les acompañan sus respectivos padres y madres, ello implica que lleguen también el resto de hermanos y sus familias. Una verbena parece mi jardín con tanto colorido y voces atropelladas, porque después de tantos años ya hay confianza. Con lo silenciosos y modositos que eran al principio y ahora se traen hasta la música.

Hoy han decidido celebrar una barbacoa y estoy de carnes adobadas, grasas y humos hasta la coronilla. Y es que después lo dejan todo perdido; recogido, sí, es cierto pero el césped todo pisoteado y las flores ajadas con tanto roce. ¡¡Con lo difícil que es limpiar la pátina grasienta que se adhiere al mármol!!

Cuando hay fútbol, como hoy, vienen vestidos con las equipaciones completas de sus respectivos clubes. Cuelgan las bufandas en los árboles y cantan al unísono el himno de cada equipo sin que nadie logre entender una estrofa ni seguir una melodía. Pero lo que peor llevo es cuando se ponen serios y mirándome guardan un minuto de silencio por mi.

Y es que no he podido librarme de estos pesados ni siquiera estando en el cementerio. 

La familia es la familia, que dicen.

(MariluzGH)

13 de febrero de 2013

La confesión


Tantos hijos y tú eres la única que vienes a visitarme todos los días. Debería confesarte un secreto en pago a tu fidelidad.

¡¡Si supieras tantas cosas que hice y tomé para que no nacieras!! Viejos remedios de brujas pueblerinas que nunca dieron resultado. Afortunadamente.

Guardó silencio y se desvaneció.

Bueno, en realidad sigue ahí sentada ante la pared blanca manchada de humedad.

Soy yo la que nunca ha estado. Ni existido.

(MariluzGH)

8 de febrero de 2013

El eslabón perdido


Mi padre nunca me llevó al cine. Tampoco al fútbol ni a los toros ni al boxeo. Tal vez por eso nunca quise ser bombero ni astronauta, ni tan siquiera policía como él.

Yo quería ser “padre”. Sólo padre;  y llevar a mi hijo a pescar y al fútbol y al cine y al boxeo y a los toros y al teatro. Y quería que mi hijo quisiera ser bombero o astronauta o policía. Incluso sepulturero. Como yo.

Que la tierra te acoja y guarde tus secretos, padre. 

Que la tierra se abra pronto para acompañarte, hijo.

(MariluzGH)

29 de enero de 2013

Humo al humo


Sus ojos se detuvieron en el doble ancho de la caja donde yace su marido. Trata de articular palabras, pero la sorpresa y el enojo se lo impiden. Por contra, siente nacer desde lo más profundo de las entrañas una hiriente carcajada. Libre y liberadora. Por fin consigue arrancar las telarañas de su garganta  y con voz enronquecida le espeta:

- Y aquí estás, al fin, víctima de tus propios abusos y desmanes. Te creíste invencible y todopoderoso menospreciando la humillación constante de tu mujer. Polvo al polvo. Humo al humo. Ya pueden cerrar la caja.

Difícil será encontrar los restos de veneno que inyecté en los cigarrillos que hoy has fumado. Ceniza a la ceniza. Tú a la caja. Yo, por fin libre.

Acabado el oficio religioso se reúnen los vecinos y entre susurros comentan:

-Pobrecita, viuda tan joven.

¡¡¡Si ellos supieran!!!
(MariluzGH)

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Sutil modificación al minirrelato llamado "Aros de humo", a tenor de los comentarios hacia un final diferente.
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20 de enero de 2013

Aros de humo


Nunca fue fácil seguir tus pasos al ritmo y sin descansos. Eras agotador y disfrutabas al comprobar cuántos metros me había quedado atrás. Entonces parabas y encendías un cigarrillo y mientras yo llegaba, tú hacías aros de humo sonriendo con malicia, como un niño malcriado. Y como tal, cuando llegaba a tu altura, sin mirarme, reiniciabas tu maratón particular a ninguna parte. Porque la triste realidad es que nunca llegaste a ningún destino. Hasta hoy, que aquí estás entre cuatro velas, sin flores, y dentro de una caja de pino con el doble del ancho de tu cuerpo. No sé para qué. Pero ahí estás; bien vestido y perfumado; sin más compañía que mi silencio acusador y mis resecos ojos. Sola, porque nunca quisiste tener hijos; decías que éste no era mundo para criar niños sanos. Niños -decías- que al hacerse mayores te mandarían a un asilo y a mi me utilizarían de criada en nuestra propia casa. Como si no lo hubiese sido siempre. No tenemos vecinos ni amigos. Tú decías que los vecinos sólo sirven para perderte las herramientas y los amigos sólo te recuerdan cuando se les acaba el dinero y vienen a beberse tu vino y comerse mis asados. Tampoco tenemos compañeros de trabajo. Siempre trabajamos nuestras tierras y decías que con nuestras manos nos bastaban. Lo tenías todo calculado; medido; pensado... hasta dejaste cavada la fosa y la caja dentro aguardando los cuerpos. Y por eso te odio más que antes; porque ahora comprendo para qué tanta anchura. Ahí te imagino esperándome fumando tu postrer cigarrillo haciendo aros de humo. Échate a un lado que me tumbaré a tu lado.

Cuando alguien venga por aquí y nos vea dirá: «¡cuánto se querían!»...

Ay, si los muertos hablaran.

(MariluzGH)

25 de septiembre de 2012

Todas tus cosas


-Si te vas, sólo te llevarás las cosas compradas por ti. Cógelas todas, no hay problema. Son tuyas.

-Pero querida, desde el principio dejamos claro que yo sólo me encargaba de pagar las vacaciones anuales y las compras del súper cada semana...

(MariluzGH)
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30 de agosto de 2012

Penélope

Te recomiendo escuchar ésta canción antes de leer el minirrelato.



Antigua estación de Xátiva.



El sol implacable dibuja inquietantes figuras en el andén desierto de la vieja estación. Ráfagas de ardiente viento remueven la hojarasca y ramas secas, silbando por entre las rendijas de la madera podrida de un tejado sin tejas y unas ventanas desnudas de cristales y persianas.

La vieja estación languidece silenciosa y lúgubre mientras ella "con su bolso de piel marrón" sigue esperando tu regreso. En tanto tú, cadáver sin identificar, yaces momificado en una cámara frigorífica de una morgue abandonada.

(MariluzGH)

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11 de agosto de 2012

Sopor


Cuando abrí los ojos le vi ahí de pie, mirándome fijamente; con ese gesto de perdonavidas que nunca he soportado en nadie, menos aún en un hombre; guardaba silencio, esperando una reacción que el sopor había borrado de mi sistema nervioso. Sentía millones de hormigas correteando por mis venas mientras todas las articulaciones permanecían agarrotadas y ancladas en posturas inverosímiles; como selladas con cemento. El sudor bañaba todo mi cuerpo con gruesas gotas que se deslizaban lenta y pegajosamente desde mi frente a la comisura de mis labios y desde el cuello al vertiginoso canalillo de mis senos. Sus ojos no desviaron la dirección penetrante de su mirada.

Poco a poco fui recuperando el dominio de mis sentidos; la percepción del entorno; la localización exacta. Mis ojos dejaron de ser sensibles a la luz; mis oídos captaban el leve zumbido del aparato de aire acondicionado.

Y sonreí.

Sonreí sin ningún temor a la figura estática y cómicamente feroz que me miraba desde la televisión.

Apagué el vídeo y juré no volver a dormir la siesta en el sofá.

(MariluzGH)

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3 de junio de 2012

El escalador


A cada paso ascendente clavaba una nueva cuña más firme y profunda que la anterior para asegurar su peso y no caer al vacío. En el silencio de las alturas el golpe del piolet sonaba enérgico y un leve crujido acompañaba cada pisada. La roca se estremecía y él con ella -pero de satisfacción y poder. La cima, cada vez más próxima, invitaba a no mirar atrás, a no desfallecer. Un último esfuerzo, una cuña más, un nuevo lamento de la montaña y estaría coronando la meta de su vida.

Al llegar arriba, en lugar de agacharse a besar la tierra y la roca, agradecido, se irguió como un oso y levantando los brazos al cielo fijó la vista en la inmensidad que se mostraba ante sus ojos. La euforia casi no le deja oír una voz débil, pero firme, que le dice:

-¿Estás seguro de que era imprescindible ocasionarme tanto dolor clavando estacas en mi piel?... ¿no podías haber subido por tus propios medios físicos y así sentirte ahora más humano?

-En la montaña, como en la vida, hay que tomar todas las precauciones para avanzar con seguridad y sin riesgos innecesarios -se oyó a sí mismo responder a la voz que se había materializado en un anciano de cara tostada y pelo blanco.

-¿Sin riesgos y con seguridad?... para ti, ¡claro!, sin importar el daño que inflijas a los demás.

»Así ha avanzado la gente como tu a lo largo de los siglos: pisoteando los cuerpos que os encontráis en el camino a vuestra particular ascensión política, cultural, artística, profesional... clavando estacas para "avanzar con seguridad y sin riesgos", sin mirar a donde y a quienes las claváis. ¡¡Así va el mundo!!

Y desapareció entre un cúmulo de nubes que se había formado en la corona de la montaña. El escalador, alzó los hombros y decidió que había padecido una alucinación provocada por el mal de altura.

Miró alrededor y todo estaba en su sitio. Él era el nuevo Director General. Descolgó el teléfono y dijo a su secretaria:

-Sonsoles ya puede retirar firmadas las nuevas normas de despido para la oficina gestora; los recortes en los gastos de alimentación del comedor social y los cheques para pagar las facturas de mi esposa. Esta última partida recuerde incluirla en gastos de representación, para reducir beneficios. Y anule todas las citas, hoy tengo torneo de golf.

(MariluzGH)

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4 de mayo de 2012

El último beso



Se levantó con la elasticidad del junco que se yergue, acunado por los vientos. Dirigió los pasos hacia la puerta y se volvió para mirarme. Sus labios dibujaron su inolvidable sonrisa cuando se posaron en los míos y con su mano acarició mi mejilla. Abrió la puerta dejando entrar un aire gélido que lo envolvió mientras salía definitivamente de mi vida.

No será el beso lo que recordaré para siempre, sino el suave roce de sus dedos en mi cara; cálido y sereno como la lágrima que se desliza desde mis ojos, testigos de su último suspiro.

(MariluzGH)

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19 de abril de 2012

Perfecto equilibrio

el ojo queme mira
- Por favor, un café descafeinado de máquina con leche 100% desnatada y sacarina... y una ración doble de tarta de chocolate con nata y chocolate caliente por encima. Gracias.

(MariluzGH)

28 de marzo de 2012

En el punto de penalti

La Esfera Cultural hizo una simpática convocatoria: escribir un minirrelato llamado "Con un par de narices", y me hizo gracia el asunto... aquí os traigo mi participación -espero que os guste y si es así, vayáis a la página y le hagáis un clic al g+ para que quede constancia. Y sin más preámbulos allá vamos:

Avanzó lentamente. El estadio quedó en silencio. Miles de gargantas expectantes y dispuestas para el clamor. El balón en el punto de penalti. El portero en el centro del hueco de la portería, como un tótem con rodillas flexionadas y brazos extendidos –como en una cruz imaginaria- rematados por dos enormes guantes, que hacían creer a su dueño un inmenso gigante, de movimientos pesados, a cámara lenta. El delantero mira el balón, lo sitúa centrado en el círculo blanco y mira al portero. De la parte trasera de su camiseta saca un delgado rollo de papel. Un leve murmullo, breve como un parpadeo, acompaña los movimientos que las cámaras del estadio reproducen en sus inmensas pantallas; todo cuanto acontece, sin perder detalle, está siendo retransmitido al mundo. El jugador desenrolla lentame! nte el cilindro y extrae una rosa roja de largo tallo; del bolsillo de su pantalón extrae una cajita azul y acercándose lenta y sonrientemente al árbitro, se arrodilla ante él y le entrega la rosa, abre la caja y un primer plano en las pantallas muestra un hermoso anillo de compromiso, al mismo tiempo que se oye la voz sobrecogida del jugador:
- Marcelo ¿quieres casarte conmigo?
El árbitro, Marcelo, emocionado y sorprendido le dice que sí; le levanta del suelo, encaja el anillo en su dedo y le besa mientras los 21 jugadores restantes les rodean aplaundiendo y enjugando alguna que otra lagrima que se escapa de alguno de los fornidos futbolistas. El público ruge de júbilo mientras en las pantallas, en un zoom creciente puede leerse:
“Así se hace... ¡con un par de narices!”


(MariluzGH)
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22 de marzo de 2012

Érase una vez


Sentó al niño en su regazo y le susurró:
te contaré una historia tan antigua, tan antigua...
que hasta cabe la posibilidad de que nunca existiera.

Y le habló de la paz

(MariluzGH)
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7 de marzo de 2012

Tempestad


Vieron acercarse la oscuridad con la pesada velocidad del árbol que cae vencido por la nieve; acostumbrados a ella, nunca terminaban de habituarse a sus tempestades. Las carreras hacia la casa, atropelladas y entre gritos de terror presagiaban los sucesos que se avecinaban.

- ¡Rápido, ataros los arneses!

La espera fue agónica, siendo inferior a un segundo. Una tremenda sacudida agitó toda la nieve de los árboles, tejados y caminos; el cielo -de pronto- se había vuelto negro y los cuerpos y muebles -aun amarrados y clavados al suelo- sufrieron uno de los más terribles terremotos jamás recordados. Quedaron extenuados y agradecidos porque conservaban la vida.

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- Pablito, cariño, si sigues agitando la bola de nieve con tanta energía conseguirás despegar las figuritas del interior...

(MariluzGH)

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5 de febrero de 2012

El cayado de Moisés


El comandante de la Guardia Suiza nunca llegó a cruzar el umbral. Apenas tuvo tiempo de comprender lo ocurrido. Había estado persiguiéndola por los pasillos, le ordenaron impedir que llegara a manos del pontífice.

El secretario de Su Santidad cerró el “Libro Negro” tras memorizar el conjuro. La profecía sobrevolaba la humanidad y solo había un único objeto capaz de evitarla. Pero había desaparecido.

Pedro II, recién investido, se asomó al balcón para bendecir al pueblo reunido en la Plaza. En el momento de alzar su mano, el secretario advirtió el movimiento tras las cortinas y antes de que la serpiente lanzase su mordisco letal musitó: “Non nobis, domine”… y cayó al suelo provocando un sobresalto en el nuevo Sumo Pontífice que –azorado por una posible torpeza suya- se agachó, incomprensiblemente ágil, para recoger el milagroso cayado de Moisés, elegido para su pontificado.

La bala atravesó el vacío dejado por la repentina desaparición de Su Santidad y se incrustó en la frente del comandante de la Guardia Suiza, apostado tras el umbral de la puerta.

(MariluzGH)

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'cuentos antiguos' actualizados

19 de enero de 2012

Cadena perpetua


La primera vez que me violaron juré que sería la última.

Tenía siete años.

Hoy tengo diecinueve y me condenaron a cadena perpetua.

No queda ni uno de los nueve varones de mi familia para traerme tabaco y revistas. Mujeres tampoco.


(MariluzGH)

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Publicado el 1 de febrero de 2012 en La Esfera Cultural

7 de enero de 2012

El azar


Se despertó sin necesidad de alarmas que, lejos de abrirle los sentidos a un nuevo día, cerraba de forma trágica y ruidosa los sueños y fantasías de la noche. Sintió la imperiosa necesidad de levantarse, pero no era la hora; hoy al ser festivo no tendría que madrugar tanto. Pero ya estaba despierto y difícilmente lograría volver a recuperar su mundo onírico.

“Cambiaré la rutina diaria, el lógico movimiento que me hace una pieza valiosa del engranaje social”, -se dijo mientras dejaba su cara sin rasurar tras la ducha de agua fría. Hoy desayunaré fuera, en alguna cafetería cercana, hay muchas y muy bonitas. Y luego recorreré la ciudad hacia el lado opuesto a mi dirección habitual. Iré hasta el puente colgante y me sentaré a ver los pocos vehículos que circulan en festivo. Y a los corredores que oxigenan sus músculos tras una semana de trabajo y estrés y tensión cerebral. Me sentaré a ver los pelícanos, petrificados, sobre los postes de amarre del río; cronometraré el lapso de tiempo entre olas y parpadeos y graznidos de gaviotas… cualquier cosa que rompa mi monotonía diaria. Hoy será un día diferente a cualquier otro de mi vida. Me iré al puente y comeré marisco y pastel de manzana.




La despertó la voz estridente de la radio dándole los buenos días, cuando ella sabía que era un día más y no tenía nada de especial que lo hiciera “bueno”. Quitó su camisón y lo dobló cuidadosamente, respetando las líneas rectas del rayado vertical que lo asemejaba a un traje de presidiario. Así se sentía ella: presa de una casa que carecía de latidos; prisionera de un cerebro en exceso creativo; encarcelada en una rutina que la asfixiaba. Pensando en su falta de libertad acabó de vestirse y desayunar la diaria tostada con mantequilla y mermelada de naranja amarga.

¿Y si me atreviera a hacer algo diferente?, debería intentarlo al menos. Recorreré la ciudad por calles que nunca transito, miraré a los deportistas y a las gaviotas sobrevolar las farolas y posarse en ellas; las parejas de jóvenes tumbadas en el césped de los jardines, disfrutando el cálido sol. Me acercaré al puente colgante a ver llegar los barcos que vuelven de sus duras batallas con las mareas y los vientos. Estaría bien cambiar la rutina, por una vez, y convertir un tedioso día festivo en uno que realmente se merezca un ¡Buenos días!

Sus pasos curiosos se detuvieron en la barandilla del puente. Cerca de allí, un joven de cara agradable sonreía mirando los pelícanos guardando el equilibrio sobre los amarres. Un golpe de viento barre de su cabeza la pamela que lleva para protegerse del sol. En un intento de alcanzarlo, dobla peligrosamente su cuerpo sobre la barandilla, quedando casi colgada de ella, sujeta por una mano y la cintura por donde se dobla.

El joven, que ha visto sobresaltado el brusco movimiento de la joven que se había acercado al puente solo unos minutos antes, saltó como un gato y aferrándose a las piernas de ella dio un gran tirón para evitar que cayera al vacío, rodando los dos por el suelo. Rojos del esfuerzo se sientan, y ella –avergonzada- pronuncia un leve “gracias” mientras él, totalmente sorprendido de su audacia, la ayuda a incorporarse y le dice, sin apartar los ojos de ella, “ha tenido suerte; es la primera vez que vengo al puente”. “Yo también” –musita ella- y “si no es por usted habría caído al vacío”.

Se despidieron educadamente y ambos decidieron volver a sus casas, rompiendo las intenciones que se marcaron para vulnerar sus respectivas monotonías, conscientes de que lo habían conseguido sobradamente.

. . . . .

Es lunes. El metro va atestado de gente, como todos los días laborables. Ella, camina rápida por el pasillo hasta su sitio habitual. Él, afianza mejor sobre su hombro el portafolios cuando siente un fuerte golpe en la espalda; se gira bruscamente. “Perdone” –dice ella- y él la mira sorprendido.

Sin añadir palabras, se abrazan sonriendo.

18 de diciembre de 2011

El músico callejero


Marzo quiere dar la bienvenida a la primavera a lo grande. El sol luminoso quiere romper la heladez de la mañana, pero ésta se resiste a sucumbir a las cálidas caricias de rayos solares;  remolonea mimosa alrededor de las gotas escarchadas de los ventanales que dan al Palacio Real y acelera la respiración de quienes quieren detenerse a recibir el destello en sus ojos, pero ella -la frialdad- sigue batallando con el sol. De pronto todo se suspende, atrapado en un rizo entre el espacio y el tiempo. El ritmo acelerado de los viandantes, de mis propios pasos, se detiene ante la fugaz descarga eléctrica que sacude la calle; una sola nota musical ha quebrado la escarcha; ha difuminado el vaho que sale de las gargantas; ha engrandecido al rayo que se ha colado -de golpe- en los paseantes y apresurados peatones. Miro a ambos lados, busco con los ojos al músico que nos ha transformado y mis ojos no encuentran al violinista. Tengo que encontrar el origen de esa melodía de Mozart. Rompo la magia moviendo los pies en dirección al sonido.

Yuri tiene la nariz roja y los labios amoratados de frío. Está junto a una espectacular farola, delante de una mesa plegable y sentado en un taburete de tijera. Sus ojos no se levantan para mirar a quienes se paran delante de él a mirarle tocar. Solo si alguien echa una moneda, hace una leve señal de asentimiento y vuelve a poner la cabeza casi en ángulo recto mirando sus manos. Yuri o Iván o incluso Mijail -cualquiera sabe siquiera si es ruso- tiene ante sí ordenadas hileras, a distintas alturas, de copas de cristal con diferentes cantidades de agua (o vodka para combatir el frío) de donde a cada roce de sus dedos va desgranando una a una las más hermosas notas musicales. Mijail, Yuri o Iván no toca un violín. Mozart lloraría emocionado si viera la devoción del músico callejero que, una mañana de marzo en Madrid, venció al mismo invierno derritiendo la escarcha de la indiferencia que llevamos los habituales de las calles y los turistas ocasionales, haciendo brillar el sol de nuestras sonrisas. 

Yo le eché una moneda y aprovechando su inclinación de cabeza, le mostré la cámara pidiéndole permiso para fotografiarle; Iván, Mijail o Yuri alzó sus hombros al tiempo que me miró directamente a los ojos, arrancándole yo un guiño y él a mi, una sonrisa.