Recordé una hermosísima melodía de Mendelssohn llamada "En las alas de mi canto" que he añadido al reproductor de música que tiene el blog. Podrías seleccionarla para escucharla mientras lees este minirrelato especial.
- Algo me dice que siga sus movimientos...
Ha saltado el muro de la escollera con ágiles movimientos, dejando deslizar sus piernas hasta posarse en las rocas. Va de una a otra sin mirar donde pisa, con la vista perdida en el mar.
Su melena rojiza, de rizos incontables, da a su cabeza una corona de majestuoso porte. La edad es indefinida en la distancia que nos separa, pero diría que es joven. De piel muy blanca.
Lentamente ha dejado sobre la arena lo que llevaba en sus brazos y, sin detenerse, se quita los zapatos y los pone, perfectamente alineados, con el bolso y sobre ellos la pashmina que cubría sus hombros. Mira los dos paquetes transparentes y por fin distingo el contenido, son flores... flores rojas y blancas.
- Me sentía mal por saberme rompiendo su intimidad pero... había algo que me retenía allí, deteniendo mi obligado paseo.
El mar hoy está en calma, solo unas leves burbujas en la orilla rompen su quietud. Y hacia esa orilla plagada de rocas y piedras -que forma mi playa- encamina sus pasos, sosteniendo las flores como si de un bebé se tratara. Las mira un segundo... las besa y las lanza al agua. Allí se queda mirando cómo poco a poco, dulce y lentamente se van alejando.
- Un escalofrío recorre mi espalda y noto mis ojos empañados.
No distingo si reza, si llora, si dice adiós o tal vez hola, pero veo que se abraza.
Tan lentamente como se acercó a la orilla se retira y con la misma reverencia que quitó sus zapatos y bolso y pashmina, lo recoge todo en una mano y sin preocuparle si arrastran se encamina -ahora sí- a la escalera de acceso a la playa.
- He seguido su lenta marcha hasta que ha desaparecido por una de las calles que lleva a las casas... hoy era 31 de marzo de 2010.
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Mendelssohn compuso esta canción inspirándose en estos versos de Heinrich Heine:
Te llevaré en las alas de mi canto,
te llevaré muy lejos, dueño mío;
a la orilla feliz del Ganges santo
tengo un albergue espléndido y umbrío.
A la luz de la luna, en valle ignoto,
floresta yace allí, fresca y lozana,
donde la flor pura del sagrado loto
espera fiel a su amorosa hermana.
Allí charlan las pálidas violetas
y a los astros sonríen cariñosas;
allí dicen, en pláticas discretas,
sus cuentos aromáticos las rosas.
Allí, vagos rumores escuchando,
se para la gacela diligente;
allí, a lo lejos, con murmullo blando
fluye del Santo Río la corriente.
Reclinados allí, mi dulce dueño,
a la trémula sombra de las palmas,
de paz y dicha celestial ensueño
disfrutarán unidas nuestras almas.