Hundía la pala con la determinación de quien se sabe fuerte y poderoso.
A un lado el rastrillo –con las garras hacia arriba. El cubo grande, el mediano y el pequeño, cada uno dentro del otro, como las matrioskas rusas, aguardaban su turno.
Él, mientras tanto, continuaba su labor parsimoniosa y ordenadamente. Está satisfecho del trabajo y ordena que cada cual ocupe su lugar determinado: los guardias en la puerta; los vigías a las torres; las mujeres con los calderos de aceite hirviendo, en los pasillos superiores de la muralla; los soldados bien pertrechados, delante y detrás del puente levadizo. Le gustó la obediencia ciega que le mostraba su pueblo. Llamó a su capitán pidiendo un último esfuerzo:
Él, mientras tanto, continuaba su labor parsimoniosa y ordenadamente. Está satisfecho del trabajo y ordena que cada cual ocupe su lugar determinado: los guardias en la puerta; los vigías a las torres; las mujeres con los calderos de aceite hirviendo, en los pasillos superiores de la muralla; los soldados bien pertrechados, delante y detrás del puente levadizo. Le gustó la obediencia ciega que le mostraba su pueblo. Llamó a su capitán pidiendo un último esfuerzo:
- papá ¿me ayudas a traer agua de la orilla para el foso del castillo?...

