7 de marzo de 2012

Tempestad


Vieron acercarse la oscuridad con la pesada velocidad del árbol que cae vencido por la nieve; acostumbrados a ella, nunca terminaban de habituarse a sus tempestades. Las carreras hacia la casa, atropelladas y entre gritos de terror presagiaban los sucesos que se avecinaban.

- ¡Rápido, ataros los arneses!

La espera fue agónica, siendo inferior a un segundo. Una tremenda sacudida agitó toda la nieve de los árboles, tejados y caminos; el cielo -de pronto- se había vuelto negro y los cuerpos y muebles -aun amarrados y clavados al suelo- sufrieron uno de los más terribles terremotos jamás recordados. Quedaron extenuados y agradecidos porque conservaban la vida.

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- Pablito, cariño, si sigues agitando la bola de nieve con tanta energía conseguirás despegar las figuritas del interior...

(MariluzGH)

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1 de marzo de 2012

Soledad en calma espera


Dulce espera,
frenética luz
que sombrea los sentidos.

Silente calma,
desbocado ardor
que incendia los latidos.

Amarga es la soledad
cuando se espera lo inevitable
cuando se teme lo esperado
cuando la luz se apaga
cuando se inicia el olvido.

(MariluzGH)

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22 de febrero de 2012

Represión


"Ayer" amaneció y era hoy;
nubes de ácido rencor
corriendo calles nos seguían.

"Ayer" amaneció
y al despertar
anochecía.

(MariluzGH)

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5 de febrero de 2012

El cayado de Moisés


El comandante de la Guardia Suiza nunca llegó a cruzar el umbral. Apenas tuvo tiempo de comprender lo ocurrido. Había estado persiguiéndola por los pasillos, le ordenaron impedir que llegara a manos del pontífice.

El secretario de Su Santidad cerró el “Libro Negro” tras memorizar el conjuro. La profecía sobrevolaba la humanidad y solo había un único objeto capaz de evitarla. Pero había desaparecido.

Pedro II, recién investido, se asomó al balcón para bendecir al pueblo reunido en la Plaza. En el momento de alzar su mano, el secretario advirtió el movimiento tras las cortinas y antes de que la serpiente lanzase su mordisco letal musitó: “Non nobis, domine”… y cayó al suelo provocando un sobresalto en el nuevo Sumo Pontífice que –azorado por una posible torpeza suya- se agachó, incomprensiblemente ágil, para recoger el milagroso cayado de Moisés, elegido para su pontificado.

La bala atravesó el vacío dejado por la repentina desaparición de Su Santidad y se incrustó en la frente del comandante de la Guardia Suiza, apostado tras el umbral de la puerta.

(MariluzGH)

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