Con la muerte apagaron tu vida,
tu futuro, tu presente,
pero nunca tu voz.
Fue la muerte el mejor amplificador
de tus versos
el abono inmaculado
para tu semilla
esparcida por el viento del pueblo,
para todos los pueblos.
Quienes quisieron tu muerte
han hecho de ti un poeta libre
vivo en el pueblo para siempre.
Quienes callaron tu lamento
dieron voz al hambre y la guerra
al amor y la amistad en duelo,
al hijo y a la madre... a la tierra.
Contigo, siempre volvemos a la tierra.
Te quisieron muerto, en silencio
entre barrotes –enfermo, sin voz y muerto.
Pero, dime Miguel:
¿quién puede poner alambradas al viento?
(MariluzGH)

