Cabeza baja
y con andar sereno
recorro el tramo que nos separa
y a cada paso
mil metros aumenta la distancia.
Quiero acercarme y reposar mi alma,
mi cansado andar
a ningún sitio,
detener los pies y ahogar el llanto
en lágrimas saladas
y
-mientras tanto-
no pensar en nada.
Al fin alzo la vista hasta los inertes brazos.
Alargada y silente sombra
que me vigila y protege
oyendo mis intentos de articular palabra.
Veo brillar su pétrea mirada
y de sus labios de mármol
una leve sonrisa me regala.
(MariluzGH)
