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Cementerio de Arlington en Washington - Foto: Salvador Samaranch web: guias-viajar.com |
Mis cuñados tienen la fea costumbre de venir todos los fines de semana a casa, acompañados de sus mujeres y niños; algunas veces les acompañan sus respectivos padres y madres, ello implica que lleguen también el resto de hermanos y sus familias. Una verbena parece mi jardín con tanto colorido y voces atropelladas, porque después de tantos años ya hay confianza. Con lo silenciosos y modositos que eran al principio y ahora se traen hasta la música.
Hoy han decidido celebrar una barbacoa y estoy de carnes adobadas, grasas y humos hasta la coronilla. Y es que después lo dejan todo perdido; recogido, sí, es cierto pero el césped todo pisoteado y las flores ajadas con tanto roce. ¡¡Con lo difícil que es limpiar la pátina grasienta que se adhiere al mármol!!
Cuando hay fútbol, como hoy, vienen vestidos con las equipaciones completas de sus respectivos clubes. Cuelgan las bufandas en los árboles y cantan al unísono el himno de cada equipo sin que nadie logre entender una estrofa ni seguir una melodía. Pero lo que peor llevo es cuando se ponen serios y mirándome guardan un minuto de silencio por mi.
Y es que no he podido librarme de estos pesados ni siquiera estando en el cementerio.
La familia es la familia, que dicen.