29 de diciembre de 2011

Desechos otoñales


Debieran existir duendes 
que, junto a las hojas otoñales,
barrieran la soledad de los corazones;
las lágrimas del olvido;
las ausencias de ternuras
y el dolor de las traiciones.

(MariluzGH)
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18 de diciembre de 2011

El músico callejero


Marzo quiere dar la bienvenida a la primavera a lo grande. El sol luminoso quiere romper la heladez de la mañana, pero ésta se resiste a sucumbir a las cálidas caricias de rayos solares;  remolonea mimosa alrededor de las gotas escarchadas de los ventanales que dan al Palacio Real y acelera la respiración de quienes quieren detenerse a recibir el destello en sus ojos, pero ella -la frialdad- sigue batallando con el sol. De pronto todo se suspende, atrapado en un rizo entre el espacio y el tiempo. El ritmo acelerado de los viandantes, de mis propios pasos, se detiene ante la fugaz descarga eléctrica que sacude la calle; una sola nota musical ha quebrado la escarcha; ha difuminado el vaho que sale de las gargantas; ha engrandecido al rayo que se ha colado -de golpe- en los paseantes y apresurados peatones. Miro a ambos lados, busco con los ojos al músico que nos ha transformado y mis ojos no encuentran al violinista. Tengo que encontrar el origen de esa melodía de Mozart. Rompo la magia moviendo los pies en dirección al sonido.

Yuri tiene la nariz roja y los labios amoratados de frío. Está junto a una espectacular farola, delante de una mesa plegable y sentado en un taburete de tijera. Sus ojos no se levantan para mirar a quienes se paran delante de él a mirarle tocar. Solo si alguien echa una moneda, hace una leve señal de asentimiento y vuelve a poner la cabeza casi en ángulo recto mirando sus manos. Yuri o Iván o incluso Mijail -cualquiera sabe siquiera si es ruso- tiene ante sí ordenadas hileras, a distintas alturas, de copas de cristal con diferentes cantidades de agua (o vodka para combatir el frío) de donde a cada roce de sus dedos va desgranando una a una las más hermosas notas musicales. Mijail, Yuri o Iván no toca un violín. Mozart lloraría emocionado si viera la devoción del músico callejero que, una mañana de marzo en Madrid, venció al mismo invierno derritiendo la escarcha de la indiferencia que llevamos los habituales de las calles y los turistas ocasionales, haciendo brillar el sol de nuestras sonrisas. 

Yo le eché una moneda y aprovechando su inclinación de cabeza, le mostré la cámara pidiéndole permiso para fotografiarle; Iván, Mijail o Yuri alzó sus hombros al tiempo que me miró directamente a los ojos, arrancándole yo un guiño y él a mi, una sonrisa.

14 de diciembre de 2011

El Teorema de Pitágoras


En el rectangular triángulo amoroso
que has convertido mi vida
no olvides que siempre necesitarás sumar
el cuadrado de tu amor y el cuadrado de 'la otra'
para ser igual al cuadrado de mi amor por ti;
seguro que yo soy hipotenusa
pero recuerda: 
vosotros sois dos catetos (*).

(MariluzGH)
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(*) DRAE: cateto, ta.
(De or. inc.).
1. m. y f. despect. Lugareño, palurdo.

7 de diciembre de 2011

En el camino a la batalla


A qué cantar tanto a la luna
y mirar al mar buscando suspiros
si el romanticismo ha muerto
sólo y olvidado en una esquina cualquiera.

“El dolor crece en el mundo a cada rato”,
dijo César Vallejo;
y yo aquí, llorando suspiros vanos
porque de tantos frentes abiertos,
me perdí en el camino a la batalla;
sin oraciones que decir,
sin amor que regalar,
riendo a carcajadas
por cada humano convertido en marioneta
en un escenario olvidado.

(MariluzGH)
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PROYECTO “MIL POEMAS A CESAR VALLEJO”